EL ARDITI ITALIANO QUE VIVIÓ EN JOSÉ MÁRMOL
Por: Juan José Alarcón
Cuando somos
jóvenes, difícilmente nos detenernos a escuchar historias viejas, narradas, por
personas que apenas podemos entender, esa pasión de sentirse inmortal, potentes
y con la idea fija que la ancianidad es un camino demasiado lejos para llegar a
comprender es casi una ley.
Con mis apenas 18 años recién cumplidos, solía
bajarme del tren luciendo con orgullo mi uniforme de salida del regimiento 7 de
infantería, marchando gallardo por las calles de José Mármol, mi pueblo natal,
por entonces corria el año 1980.
Mi barrio, plagado de familias italianas, vecinos
excelentes que casi nos conocíamos todos aun sin saber el nombre nos saludábamos
con un “buen día vecino!!!”…pero dije casi por que a pesar de que de chico yo
saludaba a un abuelo del barrio que todas las tardes se sentaba con su bastón a
mirar pasar la vida.
Yo solo sabía
que se llamaba Franccesco, calabres de nacimiento y que por su porte debería rondar
los ochenta y pico largos, apenas le entendía por que casi no hablaba español,
no así su esposa, divina viejita siempre con una sonrisa y dispuesta al
dialogo, una familia bien italiana y generosa, lo digo por que siempre que
pasaba, Don Franccesco y su señora me daban charla y el me tocaba el hombro, me
decía cosas que aun hoy nunca entendí y con una fuerte palmada en la espalda me
despedía .
Hasta que un día Don Franccesco apareció en el
umbral de su casa, con un birrete algo extraño, diferente, mas grande que el
que usaba yo y con una simbología, como una calavera, creo, pase lo salude como
siempre, con la diferencia que el se cuadro y me hizo la venia, Bon giorno soltato,
creo que me dijo buen día soldado en su dialecto.
Ahora
empezaba a entender de quien estaba en frente mío no era un simple inmigrante
italiano, por eso la mire a Doña María que así se llamaba su esposa, ella me
hizo un gesto con la cara como diciéndome , ahora te diste cuenta nene?.
Como
siempre fui curioso, no me quede con esa imagen y al otro día, le pregunte a
Franccesco, usted fue soldado y condecorado ? el calabres solo hizo un gesto
risueño y nada mas , obviamente que seguía intrigado, hasta que Doña María me
lo dijo, mi marido fue un Arditi en la primera guerra mundial y que el ojo que
le faltaba lo perdió en la segunda guerra, después vinieron a la Argentina.
Arditi, que
palabra tan rara, siempre me sonó y guarde esa duda por años, tampoco me
esmeraba en saber, creía que era un rango más de soldado en Italia y ahí quedo….
Pasaron los
años, la vida me llevo por otros lugares
y cuando intente recobrar mi pasado feliz en José Mármol, me entere que el
matrimonio italiano que tan cómodo me hacia sentir , ya no estaban mas, primero
se fue Don Franccesco y después lo siguió su amada María, cosas que pasan es la
ley de la vida, intentaba autoconsolarme, solo me reconoció su cuñado otro
italiano que se sumaba a las charlas, Franccesco siempre te recordaba y pensaba
que un día volverías, me dijo, basto
esto para demolerme y a mi que no me cuesta mucho llorar , me aflojo el alma .
Con los
años y con la llegada de la Internet, me entere que Don Francesco no era un inmigrante
más, sino que fue parte de la Élite de la élite de la Primera Guerra Mundial, los Arditi se ganaron un
lugar de privilegio en la historia militar.
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| Un orgullo veterano Arditi |
Los Arditi eran especiales en muchos niveles.
No pertenecían a ninguna división de infantería, siendo considerados un brazo
separado. Su uniforme era personalizado, usaban armaduras, la comida era mejor
y también sus permisos. Pero debemos tener en cuenta también que las acciones
de estos hombres estaban por encima de cualquier otra: eran gladiadores,
maestros en el combate cuerpo a cuerpo y absolutamente temerarios.
Y cuando
escriba la historia de mi vida, lo voy a gritar con orgullo, yo conocí un
Arditi, bravos guerreros casi medievales que usaban armadura y escudo con
apenas un puñal al que amaban.
Su lema era
"O la Vittoria, O Tutti Accoppati" (O ganamos, o todos morimos).
Estuvieron involucrados en las misiones más peligrosas que uno pueda imaginar,
a menudo consideradas suicidas. Mientras las posiciones enemigas eran
bombardeadas por la artillería italiana, los Arditi iniciaban su ataque,
acercándose a las líneas enemigas para infiltrarse en las trincheras una vez
que el fuego de las baterías cesara. La táctica de sorprender al enemigo a
través de ataques directos y sorpresivos) resultó ser muy efectiva.
La mayoría de
los Arditi no usaba rifles. Teniendo en cuenta que su objetivo era infiltrarse
en las trincheras enemigas y “limpiarlas” prácticamente combatiendo cuerpo a
cuerpo, un rifle era engorroso. Por lo general, lanzaban sus ataques armados
solo con una daga y una bolsa con granadas.
Esa daga se convirtió en la marca registrada de
los Arditi y luego de las unidades especiales italianas. Una unidad estaba
formada generalmente por 13 oficiales y 400 soldados, todos voluntarios. En enero
de 1920 se disolvieron las unidades Arditi.
Cuando me
enteré de todo esto, se me formaba una sonrisa en el alma, viejito tremendo,
que bravo fuiste, aun lo veo, parado firme con su ojo tapado e intentando decir
cosas que nunca pude comprender, viejas hazañas que quedarán perdidas en el
tiempo, tantas que aun a 40 años nunca supe su apellido, solo que se llamaba
Franccesco, fue un guerrero de armadura y vivió sus últimos años en mi mismo
barrio, de José Mármol.
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| Reunión del cuerpo de Arditis después de la batalla , foto museo del Friuli |