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sábado, 26 de agosto de 2017

HACE 60 AÑOS NACIA LA 62 ORGANIZACIONES PERONISTAS

Hace 60 años nacía la mítica 62 Organizaciones peronistas


Por: Juan Jose Alarcon

Un 26 de agosto de 1957, nacía la mítica 62 Organizaciones peronistas fomentada por gremios peronistas censurados por los militares, dejaron su huella con los años, trasladando notoriedad   en estos tiempos.
En la actualidad la 62 cobra vigor con la aparición en escena del recordado dirigente ruralista Geronimo Momo Venegas, recientemente fallecido, motor gremial que supo levantar las banderas de Perón y Evita en tiempos donde el régimen kirchnerista atentaba directamente contra el trabajador, negando derechos y de marcado rechazo contra la doctrina del General Perón, con estos elementos Venegas decidió unificar a los sectores que no fueron captados por el kirchnerismo librando una batalla larga que tuvo su mayor exponente en aquellos años de la recordada crisis del campo, una huelga sin precedentes en la Argentina  y que a causa de esta puja, el gobierno de Cristina Kirchner comenzaba a marcar su retirada.
El recordado Momo Venegas en uno de sus discursos en la 62

Geronimo Venegas  luego del triunfo del campo ante el gobierno Kirchnerista se convirtió sin dudas en una especie de prócer dentro del peronismo, rescatando las bases genuinas dejo una impronta para las nuevas generaciones que supieron entender el mensaje .
Entre la sangre nueva de las 62 Organizaciones se encuentran Marcelo Pariente (ASIMM) actual Sec Gral de la Juventud, en su figura recae la responsabilidad de unificar a los sectores jóvenes que comulgan con el sentir de las 62 organizaciones, dejando mas que claro que el espíritu peronista en los trabajadores sigue mas vivo y revitalizado que nunca .
Para Guillermo Cantatore, joven dirigente ligado al gremio del Fosforo, la 62 es parte del sentir mismo del obrero peronista y recuerda esta histórica fecha como un hito en las conquistas obreras:
Marcelo Pariente junto a Cantatore en una marcha de la 62

“ Soy parte de esta historia, mis banderas son las de Peron y Evita, nací y me críe peronista y recordar esta fecha es como una fecha patria dentro de nuestras vidas, para quienes por nuestra edad no conocimos al general Peron, el querido Momo fue y será su mejor heredero, con el aprendimos a luchar por lo que es justo con el sentimos el deber de ser peronista y con el vamos a comenzar a reverdecer lo que se viene, somos trabajadores de Perón y junto al estandarte de nuestra 62 vamos a seguir en la senda trazada por nuestro conductor eterno Geronimo Momo Venegas que aun nos sigue enseñando con su ejemplo y no estamos dispuestos a entregar nada de los que nos fue otorgado “-concluyo Cantatore.  
La historia nos cuenta

El golpe de Estado del 19 de septiembre de 1955 encontró a los trabajadores argentinos sumidos en la sorpresa y la incertidumbre. El intento de conciliación del Presidente de facto de la autodenominada Revolución Libertadora, General Eduardo Lonardi, tuvo su expresión en el ámbito laboral al prometer aquel a las autoridades de la CGT que la misma no sería intervenida y que las conquistas sociales obtenidas por los trabajadores en el decenio anterior serían mantenidas. Sin embargo, esta política llegó a su fin con el reemplazo de Lonardi por el General Pedro E. Aramburu, fiel representante del sector más liberal y antiperonista del gobierno. En otros términos, con Aramburu se instalaba la “verdadera” Revolución Libertadora, es decir la dictadura militar que venía a “desperonizar” el país, a desmantelar el modelo socioeconómico estructurado por Juan Perón a partir de 1945, en donde tenía un destacado papel el movimiento obrero organizado.

La política antiobrera del gobierno siguió con una escalada normativa muy clara, a saber:
1. Intervino la CGT, nombrando Interventor al Capitán de Navío Alberto Patrón Laplacette.
2. Prohibió la participación gremial de todos aquellos dirigentes cuya actuación se dio entre febrero de 1952 y septiembre de 1955, medida que afectó a varios miles de dirigentes sindicales peronistas.

3. Permitió la formación de más de un sindicato por rama de actividad, con el fin de atomizar y debilitar los sindicatos. Como fin a mediano y largo plazo de todas estas medidas se perseguía la disminución de la participación de los asalariados en la renta nacional y la liquidación de toda forma autónoma de acción política de la clase obrera.

Paralelamente al proceso descripto, se sucedieron la ocupación por la fuerza de sindicatos y el desalojo de sus legítimas autoridades. Estos actos eran cometidos por grupos armados adictos al gobierno, los Comandos Civiles Revolucionarios -integrados por principalmente por socialistas y radicales- con el apoyo explícito de fuerzas militares, en especial de la Marina. De esta manera, fue tomando cuerpo un sector gremial heterogéneo que había sido excluido de la conducción sindical en la década precedente, autodenominado “libre” o “democrático” -los peronistas también los llamaban “amarillos”- integrado por socialistas, sindicalistas, radicales, anarquistas e independientes, que compartían su apoyo al gobierno militar y un furioso antiperonismo.

Pero esta política gubernativa antiobrera fue resistida por los trabajadores peronistas. Es que no solo se atacó a la dirigencia sindical de ese origen sino también a las bases, es decir a los trabajadores en sus lugares de trabajo, en el taller y en la planta. Allí, los cuerpos de delegados y las comisiones internas, uno de los legados más perdurables y trascendentes del decenio anterior, iniciaron una larga lucha en defensa de las conquistas adquiridas y de protesta contra la política social y económica del gobierno que los perjudicaba ostensiblemente: nacía la Resistencia. Se fue forjando de esta manera una nueva dirigencia peronista, joven y combativa, moldeada en la lucha antidictatorial y en los reclamos salariales.

Desde el punto de vista organizativo sin embargo, recién a comienzos de 1957 pudo darse un tipo de entidad ejecutiva cuando algunos gremios normalizados -peronistas y comunistas- dieron vida a la Comisión Intersindical, a partir de la defensa de los siguientes puntos:
1. Libertad a todos los trabajadores detenidos.
2. Normalización de la CGT.
3. Restablecimiento de precios máximos para los artículos de primera necesidad.
4. Levantamiento del estado de sitio.
5. Derogación de la ley de Residencia.

No obstante ello, las autoridades avanzaron en su propósito de normalizar la CGT, convocando a un Congreso a tal efecto para el 26 de agosto de 1957, aunque tomando prevenciones para evitar sorpresas: la principal de ellas fue la manipulación de cifras de afiliación gremial inflando los totales de los sindicatos adictos para que tuviesen más delegados en el Congreso: caso emblemático fue el de Empleados de Comercio, que pasó de declarar 96.500 cotizantes en diciembre de 1956 a 203.000 en mayo siguiente.

Se reunieron en el Congreso Normalizador 673 delegados pertenecientes a 98 organizaciones gremiales que representaban a casi 2.500.000 trabajadores de todo el país. El Congreso duró diez días (del 26 de agosto al 5 de septiembre). En cuanto a los participantes, se encontraban destacados dirigentes de militancia previa a la llegada del peronismo, como Sebastián Marotta (Secretario General de la FORA 9º Congreso en 1915) y otros que figurarían por su participación política y gremial en los años siguientes, como José I. Rucci (UOM) y Casildo Herreras (AOT), futuros Secretarios Generales de la CGT (el primero entre 1970 y 1973 y el segundo entre 1975 y 1976); Agustín Tosco (Luz y Fuerza), referente del sindicalismo de izquierda; Alfredo Allende (seguro) y Antonio Mucci (gráfico), Ministros de Trabajo de Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín respectivamente; Juan C. Loholaberry (textil), Armando March (comercio), Juan Rachini (aguas gaseosas), Eleuterio Cardoso (carne), Luis Danussi (gráficos) y Jorge Di Pasquale (farmacia), titulares de sus respectivos gremios durante las décadas del ’60 y del ’70.

Apenas iniciado el Congreso se fueron perfilando los dos sectores que confrontarían en el transcurso del mismo. Por un lado, los sindicatos “libres” –comercio, gráficos, ferroviarios, municipales, vestido, UPCN-, que resaltaron la importancia de la convocatoria y la necesidad de normalizar lo antes posible la central obrera en un marco de unidad. Por el otro, los sindicatos peronistas –metalúrgicos, textiles, trabajadores de la carne, panaderos-, comunistas –madera, químicos- e independientes –azucareros, Luz y Fuerza-, cuestionaron, en distinto grado, a la intervención y, en forma más amplia, la política laboral del gobierno, en especial las inhabilitaciones y el encarcelamiento de dirigentes.

Las discusiones fueron acentuando la división de los congresistas, hasta que Eleuterio Cardoso virtió los conceptos que marcarían un punto de inflexión en la reunión, pues reivindicó, por primera vez desde el golpe de Estado de 1955, la identidad peronista de los trabajadores.

Las deliberaciones continuaron teniendo como telón de fondo la propuesta de los gremios peronistas y comunistas de crear una Comisión Verificadora de los mandatos de los delegados presentes. Decidida la necesidad de crear dicha Comisión, resultó la votación afirmativa por 298 votos a 291. Este inesperado triunfo antigubernista sorprendió a los gremios “libres”, quienes acto seguido se retiraron del Congreso, provocando el fin del mismo por falta de quórum.

El Congreso no se reanudó nunca más. Los sindicatos “libres” que habían abandonado el mismo formaron los “32 Gremios Mayoritarios y Democráticos”, entidad que se extinguió en los años siguientes. Por el otro lado, los que habían permanecido crearon las “62 Organizaciones Gremiales”, integradas por peronistas y comunistas. Estos últimos se retiraron a fines de año y originaron el grupo de los “19”, que tampoco logró mantenerse en el tiempo. Serían las 62 Organizaciones, brazo político del sindicalismo peronista, quienes tendrían destacada participación en la evolución del movimiento obrero argentino en las siguientes dos décadas.

A modo de conclusión puede decirse que el Congreso Normalizador significó, por una parte, el fracaso absoluto de la política gremial del gobierno militar, al no poder conformar una CGT adicta, es decir antiperonista. Por otra, la emergencia de las 62 Organizaciones, que se nutrieron de jóvenes dirigentes que restablecieron la unidad entre identidad sindical y la identidad partidaria de los trabajadores peronistas.



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