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lunes, 2 de abril de 2012


1987 Semana Santa
Según Aldo Rico


Alfonsin vino sin custodia, podíamos haberlo matado, podíamos haber hecho cualquier cosa. Alfonsín puso los huevos ahí
 En una entrevista inédita el ex carapintada revela detalles de su experiencia en Malvinas y el levantamiento de Semana Santa con el estilo crudo y sin censura del ex militar

“Nosotros decimos ‘Las Malvinas son argentinas’ y hasta los ingleses saben que son argentinas. Ellos son colonizadores y conocen bien cuáles son sus derechos y sus defectos. Pero, nos guste o no nos guste, en última instancia lo van a decidir los kelpers y no lo van a decidir en los próximos cincuenta años y no sé si en los próximos cien años”, sostiene.
“Hay un principio que a veces, a lo mejor, está por sobre todos los principios en el mundo que es la autodeterminación de los pueblos”, agrega Rico coincidiendo con el grupo de intelectuales que se atrevió a desafiar el nacionalismo maniqueo del gobierno de Cristina Kirchner, para el cual la opinión de los isleños no tiene ninguna importancia.
A los 68 años, Rico, que se hizo conocido al liderar la sublevación carapintada contra la política de derechos humanos del radical Raúl Alfonsín en la Semana Santa de hace veinticinco años, lame sus heridas luego de la derrota en las elecciones de octubre, cuando quiso retornar a la Intendencia de San Miguel, pero fue derrotado.
—¿Cómo ve la política de la Presidenta sobre Malvinas?
—Es espasmódica. Ahí hay ocho generaciones de malvinenses. Además, hay que ver el contexto; más o menos, lo explicó el canciller (Héctor) Timerman el otro día: Malvinas integra el concepto de Iniciativa de Defensa Estratégica de los Estados Unidos. Además, Malvinas les permiten a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a los ingleses y a los norteamericanos, la proyección sobre la Antártida. Hay que entender que en Malvinas nosotros peleamos contra la OTAN, y es la futura hipótesis de conflicto para la América del Sur: la OTAN, y ellos no van por Malvinas, van por la Antártida. La Argentina es un país considerado desierto. Por eso tenemos que avanzar hacia la integración de América del Sur.
—¿Qué opina de las políticas de los otros gobiernos democráticos argentinos sobre Malvinas?
—La única política, la única estrategia que se puede recuperar en gran medida, fue la del gobierno del (presidente Carlos) Menem, al cual confronté ferozmente en todos los otros campos, en especial frente a toda la venta y destrucción del patrimonio argentino, junto con Pino Solanas en el Congreso y Hugo Moyano desde afuera. Lo único rescatable fue la política de (el canciller Guido) Di Tella respecto de Malvinas en el sentido de aproximarnos a los kelpers.
—Ahora, el hecho de haber perdido una guerra también debe influir en la eficacia de nuestro reclamo.
—Es importante. Pero de todas formas, ojo que la Argentina desde el punto de vista estratégico y político internacional quedó mucho mejor para defender Malvinas después de la guerra que antes. No es un dato menor que un país periférico como la Argentina se haya puesto de pie, con las armas en las manos, frente al anglosajón, que es el enemigo histórico. No es la primera vez que lo hacemos los criollos ¿no? Más allá de lo que podamos hablar de la oportunidad y de las circunstancias de la guerra.
—Vamos a hablar de la guerra. ¿Cuándo, dónde y cómo  se enteró de la recuperación de las Malvinas?
—Mientras me afeitaba. Me enteré a la mañana, mientras me preparaba para ir a la Escuela de Infantería; yo era oficial de la Escuela de Infantería, era jefe de los cursos del personal superior y subalterno y cursos de comandos. Tenía el grado de mayor.
—La recuperación de Malvinas, ¿era algo de lo que se venía hablando?
—No. La verdad es que es inédito que se haya mantenido el secreto.
—Luego, lo envían a San Juan, ¿no?
—Me movilizan a San Juan. Porque, en realidad, el 2 de abril de 1982 la Argentina despliega contra Chile. Nosotros desplegamos contra Chile porque se suponía que Chile podía atacarnos. Cuando desaparece la hipótesis del conflicto con Chile, la Tercer Brigada pasa a Malvinas. Ojo que, a pesar de todas las críticas que se hacen, en el conflicto los chilenos se comportaron muy bien con la Argentina.
—¿Por qué? ¿Qué podrían haber hecho?
—Habrían podido ocupar la Patagonia como lo hicimos nosotros cuando ellos estaban en guerra con Perú. Más ayuda le dieron a los ingleses los uruguayos. En Uruguay estuvo elhospital de campaña inglés.  Habría que preguntarles a los uruguayos cuántos heridos y muertos pasaron por allí. Los ingleses han tenido más muertos y más heridos que los que acusan (255 muertos contra 649 de la Argentina).
—¿Cuándo lo movilizan a Malvinas?
—Yo propongo formar una Segunda Compañía de Comandos porque ya se venían los combates en Malvinas. Y bueno, el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general (José) Vaquero, me hace caso. El 27 de mayo ya estábamos en Malvinas y el 29 cae Darwin. Así que llegamos justo cuando comienzan los combates.
—¿Dónde se ubican en Malvinas?
—En Puerto Argentino.
—¿Qué tareas tenían?
—Entramos en combate. Nosotros, permanentemente, estábamos delante de la línea enemiga. En Monte Simón, por ejemplo, sesenta kilómetros delante de la línea enemiga. Por eso, mi compañía tiene tantos muertos y heridos. Mi compañía, que eran cuarenta hombres, tiene cinco muertos y ocho heridos, dos de ellos mutilados, todos ellos en combate; más los muertos de Gendarmería porque conmigo estaba el equipo Alacrán: cinco muertos y once heridos. La Compañía de Comandos 601, del mayor (Mario) Castagneto, también; no tiene muertos pero sí heridos. Mi compañía tenía veintitrés oficiales, dieciséis suboficiales y yo; llevaba un equipo de tres Blowpipe, el misil antiaéreo inglés, portátil, con tres soldados que no participaron en los combates.
—Usted fue condecorado en Malvinas. ¿Cuántos condecorados tuvieron ustedes, los comandos?
—Nosotros tenemos la mayor cantidad de condecorados. Si agarra la lista de muertos, heridos y condecorados, va a ver un alto porcentaje de comandos, lo cual es coherente porque nos preparan para eso, para combatir delante de la línea enemiga. Para eso nos sometemos a un curso especial, donde la norma es el límite del comportamiento humano. El curso de comando es más duro que la guerra, salvo en los muertos. Aunque yo he tenido muertos en instrucción.
—¿Cuándo se da cuenta de que la derrota se hacía inevitable?
—Cuando fuimos a Malvinas ya lo sabíamos. ¿Vamos a hablar en serio?
—Sí, claro. Es historia.
—Vamos a hablar en serio. El objetivo era la defensa de Puerto Argentino, y el objetivo se perdió de vista, absolutamente. Cuando se pierde el principio del objetivo, la guerra está perdida. En realidad, dos veces se perdió de vista el objetivo porque al principio, cuando se produce el desembarco, el objetivo era touch and go, como se dice ahora, ir y retirarse. Luego, cuando se produce el conflicto, el objetivo pasó a ser la defensa de Puerto Argentino, y se volvió a perder cuando el 26 de abril va (el presidente y jefe del Ejército, general Leopoldo) Galtieri a Malvinas y le dice al comandante, que era (el general Mario) Menéndez, que, por razones políticas, tenía que haber mayor presencia Argentina en la isla Gran Malvina. Un tremendo error.
—Ahí Galtieri perdió de vista el objetivo.
—Perdió de vista el objetivo y, además, es un concepto tremendo para un soldado: las razones políticas no influyen sobre el rendimiento de los medios. Mi helicóptero lleva diez hombres y tiene dos horas de autonomía, pero por razones políticas no puede llevar veinte hombres y tener seis horas de autonomía. Por otro lado, se llevó tropas que no tenía sentido que estuvieran allí; en Malvinas sobraban las tres cuartas partes de las tropas. Si hubiéramos defendido solamente Puerto Argentino y nos hubiéramos concentrado en Puerto Argentino, todavía, a lo mejor, estaríamos en las Islas. De hecho, caído Darwin y ya con los ingleses avanzando hacia Puerto Argentino, la posición no estaba cerrada porque los que conducían las operaciones en Malvinas suponían que los ingleses iban a atacar Puerto Argentino por mar. Pero los ingleses nunca iban a atacar por mar por la sencilla razón de que no tenían una sola lancha de desembarco. Habría sido una locura. De hecho, el desastre de ellos en Bahía Agradable es por falta de entrenamiento y falta de medios. Además, cuando les hundimos el Atlantic Conveyor y se quedan sin helicópteros y sin las pistas artificiales que iban a montar en San Carlos, se dan cuenta de que sus tropas no estaban entrenadas para caminar tanto. Y ellos atacan Darwin con un regimiento de paracaidistas súper reforzado, más la fragata Arrow en apoyo directo; luego, quieren reemplazar estas tropas con una brigada de la guardia de la Reina, pero la tienen que evacuar porque no puede llegar caminando desde San Carlos a Darwin. Ellos tienen un tremendo problema por la falta de entrenamiento. Por eso, es interesante lo que acaba de decir Julian Thompson, que fue el comandante de las fuerzas terrestres de ellos, sobre que los ingleses no pueden defender Malvinas y que nosotros tenemos buena brigada de infantería de Marina y paracaidistas y buenas tropas especiales.
—¿Considera que Galtieri no pudo manejar el tema del entusiasmo popular que despertó la recuperación de Malvinas?
—Mire, uno no puede hablar de estrategia y de conducir una guerra sin cultura general y sin cultura profesional. La conducción militar de esa época tenía muy  poca cultura; en principio, hay que conocer al enemigo. Los ingleses nunca entregaron una colonia por las malas.
—¿Cuál es la acción que más recuerda?
—Una emboscada que hicimos la noche del 9 al 10 de junio, donde mueren el “Perro” Cisneros y otro comando de la Gendarmería, un viejo comando, Rubén Acosta, y es herido (Jorge) Vizoso Posse, un teniente primero,  ahí tenemos un combate con el SAS. (El sargento Mario) Cisneros era el mejor soldado que tenía el Ejército argentino.
—¿Por qué recuerda esta acción?
—Porque fue el combate más duro que tuvimos. Aparte, combatimos con el SAS (un grupo de elite del Ejército británico).
—¿En qué consistió el combate?
—Fue muy duro, hubo también artillería. Hicimos una emboscada ocupamos un terreno cuatro o seis kilómetros delante de la línea enemiga; llegamos de noche a la emboscada y nos instalamos. Resulta que donde nos instalamos había un equipo del SAS oculto, escondido. A las doce de la noche más o menos ese grupo intenta salir. Retiro a la compañía a doscientos metros, pido fuego de artillería a comando (que es cuando el que está observando dice: “Fuego”)  sobre la posición, y luego, vuelvo a ocupar la posición. El jefe del grupo de Artillería era (el general Martín) Balza.
—¿Qué opinión tiene de Balza?
—Un buen artillero.  No quiero hablar de Balza.
—¿Duró mucho el combate?
—Duró como 3 horas.
—¿Y del otro lado?
—Gritaban mucho. También nosotros gritábamos. Eso es usual: en una situación así, nos gritamos y nos insultamos.
—¿A cuántos metros?
—Veinte o treinta metros en los riscos. Un combate interesante.
—¿Dónde estaba el teniente coronel Mohamed Alí Seineldín?
—Seineldín era jefe del Regimiento  25, estaba en el aeropuerto, en Puerto Argentino.
—¿Es cierto que, cuando Puerto Argentino estaba a punto de caer, usted y Seineldín planearon derrocar a Menéndez?
—Nosotros fuimos con una propuesta a Seineldín, pero no la aceptó. Fuimos con Castagneto. La idea era que nos hiciéramos cargo para resistir. Se podría haber aguantado más. ¡Ojo que nosotros luchamos contra la OTAN y que los ingleses tuvieron una tremenda ayuda de la OTAN y de los norteamericanos! Cuando nuestra Fuerza Aérea y nuestra Armada les sacan fuera de servicio a los dos portaaviones, ellos lo reemplazan con el Saratoga norteamericano. Los ingleses estuvieron a un tris de perder la guerra.
—Hablando de la Fuerza Aérea y de la Armada, ¿cómo se llevaban esas dos fuerzas?
—No se podían ni ver. La confrontación entre la fuerza aeronaval  y los pilotos de la Aeronáutica refleja dos conceptos de desarrollo distintos. La Aeronáutica argentina potenció siempre la habilidad y el coraje de los pilotos por sobre la tecnología, y la Armada potenció la tecnología por sobre la habilidad y el coraje de los pilotos, y por eso tenían aviones Super Etendard y misiles Exocet. Entonces, tiraban un misil a treinta millas. En Malvinas, la Armada hundió más tonelaje enemigo con menos bajas propias que la Aviación. Nuestros pilotos de la Fuerza Aérea se tuvieron que estrellar contra los buques con aviones con sus Pucará, que no son para eso. Sin torpedos; a una flota se la combate con torpedos, pero ellos tiraban bombas rompedoras de pistas. No es incoherente que esto haya pasado así porque ¿cuál era nuestra hipótesis de conflicto? Chile. ¿Cómo se logra la superioridad aérea? Destruyendo a la Fuerza Aérea enemiga en sus pistas o rompiéndoles las pistas. Por lo tanto, nosotros teníamos preparadas nuestras bombas para romper pistas, nunca se pensó en una batalla naval. Nosotros siempre hemos estado preparados para un conflicto sobre la cordillera estival, en verano, contra un enemigo que iba a presentar un combate de baja intensidad. Pero en Malvinas fuimos a seiscientas millas de la costa, a un ambiente insular, en el borde del invierno, contra un enemigo que nos presenta un combate de alta intensidad.
—¿Qué pasó luego de la caída de Puerto Argentino, el 14 de junio de 1982?
—Convivimos dos días en Puerto Argentino. Nos cruzábamos con los ingleses. Vivíamos todos mezclados, armados y todo. Ellos son soldados voluntarios y mercenarios. Había argentinos en las fuerzas inglesas. Los veíamos y escuchábamos sus voces, sus acentos. No hablamos con ellos.
—¿Qué hace un soldado derrotado en esa situación?
—Nada, descansa. En la guerra se duerme, no se come. Dormir es más importante que comer. Comíamos en el momento de dar órdenes y de escuchar apreciaciones. Por eso, en Puerto Argentino sobraba comida. ¿Qué quieren? Que el soldado venga más gordo, el soldado viene más flaco.
—Después del 16 de junio, ¿adónde los llevaron?
—Nos llevan, primero, al aeropuerto, donde estamos uno o dos días más, y después nos trasladan, a los que quedamos, al frigorífico San Carlos. Ahí estamos hasta el 14 de julio. Ahí había estado el puesto de comando de la Brigada de Infantería de Marina, que condujo las operaciones inglesas, y había sido bombardeado por las fuerzas  argentinas, tanto que había una bomba en el frigorífico, con su paracaídas, que no había explotado. Nuestros aviadores son buenos y nosotros también fuimos buenos, sobre todo, la infantería, que se aguantó setenta días a la intemperie y combatiendo, tanto los soldados como los cuadros. Se combatió mucho y bien.
—Luego, cuando vuelven a la Argentina, ¿fue traumático?
—Fue traumático. La “desmalvinización” comienza con el gobierno militar, no comienza con (el presidente Raúl) Alfonsín. En vez de mostrar a sus tropas desfilando con el hueco de sus muertos, nos esconden. Una cosa espantosa.
—Treinta años de la Guerra de Malvinas y veinticinco años de la rebelión “carapintada” de Semana Santa. En aquel momento, usted estaba destinado en Misiones, ¿verdad?
—Yo era jefe del Regimiento de Infantería de San Javier en Misiones.

—¿Cómo llega a Campo de Mayo a liderar ese movimiento?
—¿Y qué quiere? ¿Iba a sublevarme en San Javier? Me cerraban los caminos y me dejaban aislado como me dejaron aislado luego en Monte Caseros, en Corrientes (en enero de 1988). Yo no fui a Monte Caseros de casualidad, no estaba previsto que yo fuera a Monte Caseros. Tuve un problema y fui. Tenía que venir acá. Al conflicto hay que plantearlo en el lugar de la decisión,  no en la periferia. Todo este tema está mal estudiado. Algún día habría que ocuparse y estudiarlo en serio.
—Hagamos un primer avance.
—No quiero hablar de Semana Santa, pero le tiro un tema: ¿qué fue Semana Santa? Fue una sublevación, no fue un motín ni una rebelión. Fue una sublevación fuera de la cadena de comando, únicamente por la adhesión voluntaria de la gente que participó y comandado por un teniente coronel. Algo inédito en la Argentina.
—¿Cuánto duró la entrevista con Alfonsín en Campo de Mayo?
—Más de una hora.
—¿Quiénes estaban?
—Ya no me acuerdo.
—¿Eran muchos?
—No.
—¿Qué hablaron allí?
—Yo le tengo mucho respeto a Alfonsín. En Campo de Mayo, Alfonsín vio el rostro de sus soldados; después de tratar con tantos generales, él le vio la cara a los soldados, que éramos nosotros, que defendíamos nuestro Ejército y que no lo atacábamos a él. Alfonsín entendió eso perfectamente y estaba muy afectado; por eso, su discurso posterior: “Son héroes de Malvinas, la casa está en orden”. Vino sin custodia, podíamos haberlo matado, podíamos haber hecho cualquier cosa. Alfonsín puso los huevos ahí. Me pregunta Alfonsín qué tenía que hacer él: “¿Cómo soluciono el problema?”. “Se soluciona con un instrumento  jurídico”. “¿Y cuál es?”. “Ése es un problema de ustedes. Ustedes son los políticos. Definan un instrumento en el Congreso”. “Y a su juicio, ¿qué tiene que ser?”. “A mi juicio, una amnistía general, para todos, para los montoneros, para todos. Termine el conflicto, despeje el conflicto”, le dije. “¿Y a quién tengo que nombrar como jefe de Estado Mayor?”. “Mire, le digo, échelo a todos, nombre al general más moderno, que era el general Vidal. Échelos a todos: no le sirve ninguno para nada”. Ahora ¿qué pasó? Ni los políticos, yo ahora soy político así que los conozco bien, me conozco bien, ni la jerarquía de la Fuerza podían permitir que un teniente coronel sublevado, que los echó a todos de Campo de Mayo, solucionara el conflicto. Por lo tanto, entre la Coordinadora y el Estado Mayor le limitan la solución a Alfonsín; entonces lo nombran a (el general José Dante) Caridi, jefe del Estado Mayor. Un despropósito. Y sacan la Ley de Obediencia Debida. Ya la califiqué cuando salió como una aberración ética y jurídica. Nuestro viejo Código de Justicia Miliar, ahora derogado, sabio código, no habla de obediencia debida, al contrario. El código impone lo que se llama la inspección de la orden. Por supuesto, hay circunstancias. Tiene mayor capacidad para inspeccionar la orden el de mayor jerarquía: es difícil que un soldado o un cabo inspeccione la orden. El tema fue así: sabotearon las soluciones.
—¿Por qué dice que habían echado a todos los generales de Campo de Mayo?
—Porque fue así. Había cualquier cantidad de generales, coroneles. Cuando llegamos con la camioneta, se para un capitán que venía conmigo y dice: “No queda nadie a menos ciento cincuenta metros de acá”, y se fueron todos. Esperamos a Alfonsín en la Escuela de Infantería. Cuando entro, había un general, que no voy a nombrar, que me dice: “Rico, hay que terminar todo”. “¿Por qué?”. “Porque el lunes va a aumentar el dólar”.
—En este marco, ¿cómo ve la política de derechos humanos del kirchnerismo?
—Es una política bizca: ¿dónde están los derechos humanos de los muertos por la guerra contra subversión? Pero bueno, ya vendrán cambios. Es como el tema de seguridad: no va haber seguridad en la Argentina mientras las Fuerzas de Seguridad estén conducidas por personas que participaron de organizaciones que mataban policías, soldados, gendarmes y ciudadanos indefensos. ¿Cómo puede la ministra (Nilda) Garré conducir la policía?

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